cuando comenzamos a vernos más seguido,
el tiempo empezó a pasar más rápido.
lo que antes me costaba mucho,
ahora costaba poco;
lo que antes era un esfuerzo,
ahora lo hacía sin ningún problema.
parecía que, a tu lado,
la vida valía la pena.
pero así como el tiempo comenzó a volar,
de a poco comenzó a pesar,
a estancarse,
a durar más de lo normal,
a quemar mi piel,
a dolerme en el pecho,
a secar mis manos,
a secarme por dentro,
a romper el silencio con llantos ahogados,
como fantasmas de besos olvidados.
cada mirada duraba un poco menos,
cada abrazo se sentía más vacío,
y entre el roce y el hastío,
comencé a perderme en tu lío.
y mientras todo se detenía,
comprendí lo que el tiempo escondía:
que desde el primer momento en que te vi,
ya me preparaba para el adiós que venía.
pero igual me quedé,
como quien sabe que se va a romper,
y aún así se lanza al abismo,
aunque sepa que va a morir en el intento.
quise aferrarme al instante,
como si el tiempo pudiera tener compasión;
pero el amor empezó a dolerme más que la distancia,
y no porque te haya perdido,
sino porque nunca te había tenido.
hoy querés que te vea,
que descubra quién sos,
pero yo ya sabía quién era,
ya entregué todo mi amor,
y aunque busques ahora mi alma entera,
me quebraste de tal manera que,
aunque quiera,
ya no queda nada,
nada que darte…
nada de mí.
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