hoy cociné los huevos revueltos que adorabas,
pero en la mesa tu sombra no estaba,
fueron sus labios los que probaron el sabor,
y en mi memoria está presente el dolor
de todo lo que no fue, por falta de valor.
o tal vez no era valor lo que se necesitaba,
se necesitaba claridad,
se necesitaba que me veas por quien soy
y no como un reemplazo de un amor que te falló.
anoche alguien más probó mis pizzas caseras,
esas que con vos quedaban en quimeras,
porque elegías la receta de tu mamá
o la pizza newyorkina que nunca fallaba
y que a tu corazón de alguna manera abrigaba.
y ya no busco tus canciones al despertar,
ni miro el reloj esperando tu mensaje llegar,
pero a veces, sin querer, te pienso igual,
en cada rincón donde aprendí a atesorar
esas cosas buenas que me dabas
cuando ponías un poquito de voluntad.
ya no busco esas flores amarillas que frecuentemente te regalaba,
porque no te pertenecen, porque ahora no son nada,
pero algún día van a recuperar lo que para mi significaban
y las recibirá alguien más.
por fin entendí que no todo lo que duele es amor,
que a veces el adiós es también salvación,
y aunque el eco de tu voz aún me acompaña,
ya no me pesa el silencio que dejó tu mañana,
y no extraño en lo más mínimo esas peleas rutinarias
con distancias innecesarias.
quizás te sigo buscando en los gestos ajenos,
en las risas prestadas, en los abrazos buenos,
porque nadie sabe tocarme igual
y eso no sé si es algo que se pueda cambiar.
los huevos revueltos, las flores amarillas
y las pizzas que creo que me salen de maravilla,
ya no te pertenecen,
ahora son de alguien más.
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