tus idas y vueltas me dejan sin suelo
me decís que me querés y después me das hielo
cuando estamos lejos, me extraño a tu lado
cuando estamos cerca, más daño me hago.
será una herida que dejaste y que intento cerrar con tu bien,
o simplemente no soy suficiente para ser parte de tu vaivén?
se hace tarde y las cosas cambian
tu humor es otro, ya pasó la mañana
cancelamos los planes, nos quedamos en casa,
el silencio pesa más que cualquier amenaza.
llega la noche y ponemos las cartas sobre la mesa,
me hablas del pasado, de lo que siempre regresa
y yo tragando tus penas disfrazadas de tristeza,
sirviendo de espejo a tu nostalgia indefensa.
te escucho en silencio, me muerdo la voz,
qué es lo que busco si al final pierdo yo?
esta vez no nos dormimos tarde,
no hablamos hasta el cansancio,
no hubo mimos en tus brazos,
ni caricias en nuestros labios.
hoy no quise despertarte,
ni ver lo que sobró del ayer,
tengo miedo a quedarme
donde ya no me sé reconocer.
hago tu café todas las mañanas que dormimos juntos
y después preparo huevos revueltos que te llevo al desayuno.
me esfuerzo en silencio aunque no lo ves,
ante tus ojos mi entrega no tiene validez.
esta vez me quedé en el living,
no hice café para dos.
el humo de mi taza me recuerda lo que dijiste,
con crueldad, sin compasión:
que no tenemos piel, que no hay calor,
me pregunto si entre nosotros queda algún resplandor.
te acercaste a la puerta,
me pediste que vaya a la cama
que esté a tu lado
sin conversar,
con ojos cansados.
estuve escribiendo versos sin sentido,
vos terminaste la serie que antes habíamos compartido
cuando todavía jurábamos que era infinito.
sigo aquí sin saber la razón,
si es ego, costumbre o miedo a la desolación,
si quiero sanarme contigo o romper la prisión,
pero siempre me hundo en la misma contradicción.
por algún motivo, de nuevo nos alejamos,
y volvemos al mismo loop de tirones y abrazos,
de idas y regresos que nunca tienen un plazo.
esto es un juego de idas y agarres,
entre promesas, silencios y vacíos que me arrancan los mares.
aunque no te espero,
me duele aceptar
que nunca vas a volver,
y que yo no sé olvidar.
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