Tenés mi guitarra,
mis llaves sobre la mesa,
pero hay algo en tu mirada
que aún arrastra tristeza.
Compartimos el café,
los silencios y la risa,
pero hay algo de tu ayer
que todavía te pisa.
Yo te espero en lo presente,
con mis puertas bien abiertas,
pero vos seguís pendiente
de esas sombras que no te sueltan.
Y aunque hoy me tengas cerca,
con mi voz rompiendo el aire,
no te olvides que mañana
tal vez ya sea muy tarde.
Porque el amor no se queda
donde el miedo lo reemplaza,
y hasta el alma más sincera
se cansa cuando no la abrazan.
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