toco a su puerta repartidas veces ya que naomi nunca atiende a la primera... ni a la segunda o tercera, de hecho, casi en ningún momento abre la puerta para dejar pasar a alguien. sigo tocando, cada vez más fuerte, eso hace que se enfade un poco y no desee abrir, (aunque al final me recuerda y me deja pasar), como dije anteriormente, casi nunca abre esa puerta mal pintada de color blanco, lo que me hace pensar que soy una persona muy afortunada por el simple hecho de conocerla; la persona que se encuentra detrás de esta tiende a pensar que naomi no esta en casa en ese momento, todos lo hacen, por suerte yo no formo parte de ese gran grupo de personas al que denomino 'todos', ellos no saben de esas pequeñas cosas que llegan a contarte todo sobre una persona, algo esencial desde mi punto de vista, cosa que yo sí y estoy orgullosa de eso... de saber de esas pequeñas cosas que hablan tanto de la señorita campbell.
volviendo a la puerta... debo admitir que la primera vez que la vi, un escalofrío recorrió mi cuerpo entero, se estremecieron mis entrañas y mi voz tembló al decir esa única palabra; 'oh'... Lo que menos pensé fue que blanco fuera su color, supe que descubriría algo mágico y espeluznante detrás de esa puerta y dude en tocar pero a la vez, estaba emocionada, y deseaba hacerlo.
como decía... toqué a su puerta repetidas veces, por unos cuantos minutos, gracias a mi insistencia, me dejó pasar. ahí estaba ella, haciendo un gesto con su cara como diciendo '¿otra vez acá? dale, pasa', estaba hermosa, tan bella como siempre, aunque siendo franca, nunca se arregla, ni para una ocasión especial, y dudo que alguna vez en su vida lo haga, en eso tenemos algo en común, odio tener que vestirme bien en ocasiones, también detesto peinarme, pero con ella quiero, o, mas bien, siento que debo causar buena impresión. mucho antes de atreverme a venir a su casa a interrumpir su trabajo o hacerle compañía, la observaba desde lejos, siempre me pareció un tanto rara pero en la rareza hay cierta belleza, es una persona encantadoramente maravillosa si te atreves a conocerla, es un tanto reservada, lucha por la justicia y la libertad de expresión. es sólo dos años mayor que yo, por lo tanto tiene 17. es una impertinente y apasionada adolescente, con muchos puntos de vista y ambición, suele enojarse con facilidad, es inteligente e histriónica. vive en un dúplex ubicado a tan sólo seis cuadras del colegio, se transporta en una bicicleta muy vieja y con muchas remodelaciones que tan sólo costó 12 dólares, a todo esto no se como consiguió un lugar así y creo que sería mal educado preguntar si vive ahí porque no le alcanzaba el presupuesto como para 'algo mejor', porque le gusta o porque esa es la razón de que siempre llegue a tiempo a clases...
dejando de lado la puerta rota, antigua y mal pintada de ese color 'blanco', el interior del dúplex era bellísimo.
no tenía muchas cosas como para decorar ese lugar tan antiguo y que llame la atención por eso, pero hay algo que te atrae en ese sitio... tal vez lo que tanto atrae sean los miles de libros sobre esos exquisitos estantes hechos por ella, o, los tantos cuadros mal colgados que, obviamente, ella misma realizó, aunque es muy dejada con el tema de la limpieza, a veces acomodo cosas y ordenó sus libros por orden alfabético. sólo había una extensa mesa, por lo tanto siempre comíamos en la cama o en el suelo, la misma esta llena de papeles ecológicos en los cuales solía escribir sus pensamientos, había veces en las que me dejaba leer algunos, y me gustaría presumir que tiene una mente maravillosa, hay muchísimos pinceles sobre ella, y vasos con etiquetas de diferentes colores que dicen el contenido que llevan, también hay varios libros del colegio y otros propios en esa única mesa. no hablábamos mucho, naomi disfrutaba del silencio, pero a veces lo hacíamos y cuando eso sucedía podía durar horas y horas.
naomi nació y creció en londres, era hija de valerie campbell, una antigua bailarina de ballets, nunca conoció a su padre, por eso es que lleva el apellido de su madre. de pequeña, naomi, fue dejada al cuidado de una niñera mientras su madre viajaba por todo europa junto a la compañía de danza. unos años después fue aceptada en una academia de baile muy importante en londres, cuyo nombre no puedo recordar. a cierta edad terminó odiando el ballet, por culpa de la presuntuosa de su madre, ya que ella la obligaba a bailar por más de doce horas seguidas para ganar concursos que a naoms no le interesaban, decidió huir, dejar la academia e ir a un instituto público a estudiar política, buscó tres trabajos para poder mantenerse por cuenta propia, lejos de su engreída madre, lejos de ese sitio que en el fondo odiaba, alejada del lugar donde se había criado sin un padre o madre, me ofrecí a ayudarla económicamente aunque rechazó mi ayuda en ese momento, ahora casi vivo con ella y la ayudó con lo que puedo.
tengo la suerte de decir que conocí a una persona extraordinaria y admirable, pero 'eso' era demasiado para ella, no tenía a nadie más que a si misma y a mi... que, sé, en el fondo era una molestia para ella, aunque a veces me decía y me demostraba que me quería, y a veces no lo parecía.
esa misma noche me dijo lo siguiente: "no soy lo suficiente valiente para esto, no estoy hecha para esto", no supe que responderle. la besé. luego nos acostamos. me desvele observando como dormía ya que al dormir se veía realmente preciosa.
me desperté mucho antes de lo usual y no la vi a mi lado, sin pensarlo dos veces fui a buscarla, la vi en el suelo con un frasco casi vacío de rivotril en las manos. la llevé lo más rápido que pude al hospital ya que, por suerte, pude escuchar sus latidos, lentos e irregulares.
estuve cada instante con ella. para estas horas yacía en una de las cuantas camillas del hospital, intentando recordar lo que sucedió la noche anterior, se incorporaba mientras recordaba la escena, entonces sus mejillas se ruborizaron, pues había sobrevivido a un enfrentamiento consigo misma en donde la sentencia se vio derrotada, sentía como la sangre comenzaba a subir, ardiente, por sus venas, y enfriandose, cuando llegaba a la cima, se dejaba caer, pensando, en la posibilidad de no ser más que un simple sueño, provocando así un va y ven durante todo el camino de regreso.
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